Todo son excusas. Excusas, excusas y más excusas para evadir la realidad. Hablemos claro de vez en cuando, o quizás sólo una vez en nuestra vida, pero hablemos.
Hablemos claramente de la familia, de ese grupo de conocidos sin conocer que se juntan de boda en boda, de comunión en comunión y, en los casos más afortunados, de Navidad en Navidad. ¿Por qué esperar hasta esos acontecimientos? ¿Por qué no vernos y llamarnos de tanto
en tanto y ser lo que en realidad significa la palabra familia? La falta de tiempo, el trabajo agobiante, el cansancio… ¡Excusas!Hablemos alto y claro de la amistad, de lo que se supone que es tan bonito y que todo el mundo tiene. Muy equivocados van, apenas tres o cuatro disfrutan de ella. Todos los demás creemos que la tenemos, pero es un sucedáneo que se nos escurre de las manos cuando ¡oh! el tiempo y la distancia aparecen. Hablemos de cómo vamos perdiendo amigos en el camino, de aquellos que se llenaban de orgullo diciendo ser nuestros cuando en realidad no lo eran. Y cuando vas a rendir cuentas, el tiempo, la distancia, el trabajo, los estudios… ¡Excusas!
Hablemos sin reparos del amor, aquello que todo el mundo dice vivir por y para. Porque, no lo olviden, el mundo está hecho de amor, ¿verdad? ¿O quizás es otra de esas excusas que nos ponemos para darle un sentido a esta vida? Un sentimiento hoy día muy dado a todos, pero que –como la amistad– sólo pertenece a unos afortunados. Las sombras de ese gran sentimiento nos rodean hasta que – novedad – el tiempo, la distancia, el trabajo, el cansancio humano, nuestro puro egoísmo, la falta de cariño, las ganas reprimidas de cambiar de pareja… ¡Excusas!
Quizás hablo desde el pesimismo de la noche, pero cabe la posibilidad de que tal vez me encuentre en uno de esos momentos de lucidez en que todo parece tan simple y tan horroroso que decidimos apagar la luz, cerrar los ojos y soñar con otra cosa. Mañana será otro día, otro momento, otro estado de ánimo que nos haga olvidar lo que pensamos la noche anterior.
Finalmente, aunque no queramos aceptarlo, la distancia hace el olvido… ¿O decía dicho popular que el tiempo hace el olvido? Qué más da ya, si al final todo se olvida.
