Desde hace unos meses el mundo vive en un estado de alerta permanente. Se podría decir que nada se teme más que a la anunciada gripe aviar. Y no es para menos, porque no sólo afecta a vidas humanas o animales, sino que sus efectos traspasan esta frontera, llegando a perjudicar las exportaciones de productos avícolas de países, algunos tan importantes como Francia.
Francia ya ha visto como más de 40 países cerraban las puertas a sus productos. El foie gras francés, único y exquisito patrimonio nacional, es el gran perjudicado. De esta manera, uno de los pilares agrícolas de Francia puede desmoronarse en cualquier momento, y con ello los empleos de 65000 personas.
Los agricultores de todo el mundo se ven obligados, con resignación y temor, a que centenares de equipos de sanidad registren hasta la última pluma de sus aves, con la esperanza de no ser ellos los “elegidos”.
Por otra parte, piscifactorías y pescadores ven como todo ello les puede beneficiar. La población está alarmada y parte de ella es reacia a comprar aves.
Mientras, la OMS se esfuerza todo lo posible para evitar que lo que puede parecer una simple muerte de un ave se convierta en una pandemia.
Los países ponen el candado a las importaciones y se dedican a analizar cada humedal o zona de riesgo, con el temor a tenerlo que poner en cuarentena. En España, Valencia tiembla ante las amenazas a la vez que el Ministro de Sanidad se apresura a tomar medidas para que por los aeropuertos no llegue o, en su defecto, se pueda detectar a tiempo.
La gripe aviar parece estar cerca, galopa ya por algunos territorios y parece querer atemorizar al mundo entero.
viernes, marzo 03, 2006
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